EN LA ESCUELA DE LA VIDA  

No hay graduación. Cualquiera que se sienta «graduado» hace morir su creatividad.
El mejor alumno no es aquel que está consciente de lo que sabe, sino de cuánto no sabe. 
No es aquel que proclama su perfección, sino el que reconoce sus limitaciones
No es aquel que proclama su fuerza, sino que educa su sensibilidad. 

«Todos pasamos por momentos de vacilación e inseguridad. No hay quien no sienta miedo y ansiedad en determinadas situaciones. No hay quien no se irrite delante de ciertos estímulos. Tenemos debilidades. 
Es fácil mostrar serenidad cuando nuestra vida transcurre como un jardín tranquilo; es difícil cuando ella depara los dolores propios. Los momentos finales de la vida de Cristo estuvieron definidos por sufrimientos y aflicciones. ¿Habría conservado su brillo intelectual y emocional en medio de tan fuertes tempestades?» 
 
Que el «Maestro de maestros» te enseñe que en las fallas y lágrimas se talla la sabiduría.
Que el «Maestro de la vida» te enseñe a no tener miedo de vivir y a superar los momentos más difíciles de su historia.
Que el «Maestro inolvidable» te enseñe que los débiles juzgan y desisten, mientras los fuertes comprenden y tienen esperanza.